viernes, 21 de octubre de 2011

Problema de los tres interruptores


Se tiene una habitación vacía con exepción de una bombita de
luz colgada desde el techo. El interruptor que activa la luz se
encuentra en la parte exterior de la habitación. Es más: no solo
hay un interruptor, sino que hay tres iguales, indistinguibles. Se
sabe que solo una de las “llaves” activa la luz (y que la luz
funciona, naturalmente).
El problema consiste en lo siguiente: la puerta de la
habitación está cerrada. Uno tiene el tiempo que quiera para jugar
con los interruptores.Puede hacer cualquier combinación que quiera
con ellos, pero puede entrar a la habitación solo una ves. En el
momento de salir, uno debe estar en condiciones de poder decir: “ésta
es la llave que activa la luz”. Los tres interruptores son iguales
y están los tres en la misma posición: la de apagado.
Para aclarar aún más: mientras la puerta está cerrada y uno
está afuera, puede entretenerse con los interruptores tanto como
quiera. Pero habrá un momento en que deberá entrar en la
habitación. Pero cuando sale , tiene que poder contestar la pregunta
de que cual de los tres interruptores activa la luz.
Una ves más: el problem no tiene trampa. No es que se vea por
debajo de la puerta, ni que haya una ventana que da al exterior y que
le permita ver a uno que es lo que pasa dentro, nada de eso.
Así que los invito a pensar la solución.......

martes, 4 de octubre de 2011

El Ángel de los Niños


El Ängel de los Niños
Escrito por Administrator


Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como
niño y le dijo un día a Dios:
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e
indefenso como soy
- Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te esta esperando y que te cuidara.
- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y Sonreír, eso basta para ser feliz.
- Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tu sentirás su amor y serás feliz.
-¿Y como entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.
-¿Y que haré cuando quiera hablar contigo?
- Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.
- He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?
- Tu ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida.
- Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.
- Tu ángel te hablará siempre de Mí y te enseñará el camino para que regreses a mi
presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando...
-¡¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre!!. ¿Cómo se llama mi ángel?
- Su nombre no importa, tu le dirás: MAMÁ.
Fín

viernes, 16 de septiembre de 2011

El Abecedario



Erase una vez un hombre que había compuesto versos para el abecedario, siempre dos para cada letra, exactamente como vemos en la antigua cartilla. Decía que hacía falta algo nuevo, pues los viejos pareados estaban muy sobados, y los suyos le parecían muy bien. Por el momento, el nuevo abecedario estaba sólo en manuscrito, guardado en el gran armario-librería, junto a la vieja cartilla impresa; aquel armario que contenía tantos libros eruditos y entretenidos. Pero el viejo abecedario no quería por vecino al nuevo, y había saltado en el anaquel pegando un empellón al intruso, el cual cayó al suelo, y allí estaba ahora con todas las hojas dispersas. El viejo abecedario había vuelto hacia arriba la primera página, que era la más importante, pues en ella estaban todas las letras, grandes y pequeñas. Aquella hoja
contenía todo lo que constituye la vida de los demás libros: el alfabeto, las letras que, quiérase o no, gobiernan al mundo. ¡Qué poder más terrible! Todo depende de cómo se las dispone: pueden dar la vida, pueden condenar a muerte; alegrar o entristecer. Por sí solas nada son, pero ¡puestas en fila y ordenadas!... Cuando Nuestro Señor las hace intérpretes de su pensamiento, leemos más cosas de las que nuestra mente puede contener y nos inclinamos profundamente, pero las letras son capaces de contenerlas.
Pues allí estaban, cara arriba. El gallo de la A mayúscula lucía sus plumas rojas, azules y verdes. Hinchaba el pecho muy ufano, pues sabía lo que significaban las letras, y era el único viviente entre ellas.
Al caer al suelo el viejo abecedario, el gallo batió de alas, se subió de una volada a un borde del armario y, después de alisarse las plumas con el pico, lanzó al aire un penetrante quiquiriquí. Todos los libros del armario, que, cuando no estaban de servicio, se pasaban el día y la noche dormitando, oyeron la estridente trompeta. Y entonces el gallo se puso a discursear, en voz clara y perceptible, sobre la injusticia que acababa de cometerse con el viejo abecedario.
-Por lo visto ahora ha de ser todo nuevo, todo diferente -dijo-. El progreso no puede
detenerse. Los niños son tan listos, que saben leer antes de conocer las letras. «¡Hay que darles algo nuevo!», dijo el autor de los nuevos versos, que yacen esparcidos por el suelo.
¡Bien los conozco! Más de diez veces se los oí leer en alta voz. ¡Cómo gozaba el hombre! Pues no, yo defenderé los míos, los antiguos, que son tan buenos, y las ilustraciones que los acompañan. Por ellos lucharé y cantaré. Todos los libros del armario lo saben bien. Y ahora voy a leer los de nueva composición. Los leeré con toda pausa y tranquilidad, y creo que estaremos todos de acuerdo en lo malos que son.

Fin




Adaptación propia del clásico: El Abecedario
Autor: Hans Christian Andersen (Alemania, 1805-1875)
Fuente: El abecedario
Género/Temática: Narrativa
Edad Recomendada: 8 años en adelante
Nota: Hans Christian Andersen fue un escritor y poeta danés conocido por sus clásicos
cuentos infantiles como El patito feo y La Sirenita, entre otros.